En menos de 5 años, Google ha logrado diseñar una inteligente y sutil estrategia, sorteando a los proveedores clásicos en medios digitales para la enseñanza. Ha barrido a Microsoft y Apple.

Leo en el New York Times una noticia que describe cómo Google ha logrado tomar el control de la enseñanza en los niveles de primaria y secundaria en EEUU. No es broma. En menos de cinco años, ha logrado diseñar una inteligente y sutil estrategia e implementarla con rotundo éxito, sorteando a los proveedores clásicos en medios digitales para la enseñanza. Ha barrido a Microsoft y Apple. Tan sencillo como ofrecer medios a muy bajo coste o gratuitos. Esto, unido a la muy potente imagen de marca, ha permitido que saliera adjudicatario en los concursos públicos para la renovación de las herramientas digitales utilizadas en un número considerable de colegios estatales en cascada, empezando por la ciudad de Chicago.

En el camino, ha ido convenciendo del uso de estos medios a los profesores, puenteando además a los órganos de decisión de los colegios. Y ha conseguido convertir a profesores y directores en prescriptores de sus productos ante otros colegios. Organiza sesiones de formación gratuitas para transformarlos en expertos en sus herramientas con los correspondientes certificados de Google. Monta foros de discusión para recoger sugerencias y mejorar sus productos. Organiza eventos para el intercambio de ideas. La misma web de Google for Education dispone de una herramienta online en la que el colegio puede calcular exactamente el ahorro que supone el cambio al ecosistema Google, cuidadosamente desglosado en ahorro económico proveniente de los dispositivos y en ahorro en tiempo de profesorado y gestión: cifras significativas de en torno a un 60% para un colegio medio. Difícilmente rechazable. Y menos aún para la siempre-escasa-de-recursos comunidad educativa. La tecnología, dice Google, es un ecualizador que rompe barreras entre ricos y pobres. Y este es un mensaje que arrasa.

La fórmula: portátiles baratos Chromebooks unidos a una suite de aplicaciones gratuitas para alumnos y profesor más su gestión centralizada. Los Chromebooks son portátiles con acceso a internet y sistema operativo ligero que trabajan directamente en la nube, listos para ser usados y con la posibilidad de que el propio profesor controle el acceso a internet del alumno en forma remota (en los exámenes, por ejemplo) o de ser inhabilitarlos en caso de robo.

A diferencia de Microsoft y Apple, que seguían métodos más tradicionales, Google tomó otro camino. En 2013 creó un grupo de trabajo para desarrollar específicamente aplicaciones gratuitas para el consumo en colegios, tanto para el alumnado (en edades comprendidas entre los 6 y los 17 años) como para el profesorado: Google Classroom.

Esta conquista está provocando, adicionalmente, un cambio de paradigma: la sustitución de las materias tradicionales por el trabajo en grupo y la resolución de problemas, en teoría, más creativas. Como dice el director de Aplicaciones para la Educación de Google: “Para qué saber cómo resolver una ecuación de segundo grado si se lo puedes preguntar al buscador Google”.

El negocio de Google no se basa en los ingresos por un portátil más la suite de aplicaciones educativas y su gestión (unos 180 euros/alumno). El negocio con mayúsculas consiste en que, desde los 6 años, el alumno se está habituando a los productos Google y a su enfoque. Se trata de la mitad de los chicos americanos de educación primaria y secundaria, que se están imbuyendo de la nueva Economía Tecnológica. Son exactamente 15 millones, a día de hoy. Y cada año varios millones salen del High School hacia las universidades. En ese momento, los propios colegios instruyen a los alumnos para trasladar sus cuentas escolares de Google (que no exhiben anuncios, según la nota de Privacidad) a cuentas Gmail (que sí lo hacen). Toda la información acumulada en sus cuentas escolares acaba en cuentas gratuitas de Gmail a las cuales tiene acceso el propio Google: perfiles de los alumnos con sus ejercicios, pruebas, exámenes… a lo largo de muchos años, datos de millones de futuros consumidores a los que inundar con publicidad individualizada y adaptada a sus patrones de comportamiento con astucia y efectividad. Es el poder de los datos transformado en conocimiento y acción gracias a las tecnologías de Big Data.

Como dice una alumna de 14 años de un colegio público de Nueva York: “Siempre estamos utilizando los dispositivos de Google. Francamente, es lo más cómodo. Así que, si es cómodo, diablos, usaré Google toda mi vida.”

JUAN IGNACIO DE ARCOS

Director del Programa Ejecutivo de Big Data & Business Analytics de EOI
 
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