Dicen que cuando se está triste, afligido, depresivo o similar se escribe mejor (que se lo digan a los letristas de las canciones), pero yo añado estados de enfado, desilusión, desencanto, rabia, etc.

Hablo por  mi experiencia y circunstancia; estos son estados en los que la tormenta de ideas aflora más expresiva  que nunca, no te deja escuchar música, leer, ver la televisión o cualquier cosa que resulte placentera y normal. Tienes taquicardia, aprietas los dientes, y las ideas te salen de las tripas.

¿Por qué a algunas personas nos pasa esto?

¿Hasta dónde llega nuestro límite de tolerancia, de comprensión, de encajar desaires, indiferencias, expectativas frustradas, abrir puertas y ventanas y estas estar tapiadas…?

¿Quizás por no saber decir “no”, quizás por querer agradar a todos los que te rodean, quizás por tener una exigencia propia muy superior al resto?

Y te preguntas – y a mi, ¿quién me complace?….

Eso que promulgan que: “lo importante es sentirse bien contigo mismo y con tus actos” me parece un poco conformista. A todos nos gusta que nos pasen la mano por el lomo. Dicho de otro modo, -nuestro cuerpo y mente están bien, pero un buen masaje de vez en cuando reconforta y se agradece, y además nos da fuerzas y energía para seguir en el discurrir diario, -por ejemplo-.

“¡¡¡Joder!!!….. ¡Nos gusta!,…y a nadie le amarga un dulce.

Sin embargo, algunos, tenemos la sensación de que nunca o muy pocas veces hemos comido dulce….que solo estamos aquí para complacer y que se nos exija con toda la normalidad. Y que, cuando somos nosotros quién requerimos esa actitud, dedicación o atención, nadie lo hace.

¿Es problema nuestro o de los demás?

De las dos partes, me temo. ¿Es nuestra propia auto exigencia reflejada en los demás, o, es el listón que lo ponemos muy alto?. No olvidemos que las relaciones humanas son un proceso de comunicación, y que como tal, cualquier elemento que forme parte de este proceso puede fallar.

Volviendo al problema originario de esto, parece que hagas lo hagas, al final… lo haces mal, si no es por una cosa, es por otra, si no por el resultado, si no por el método, el canal, o vete tu a saber el porqué.

También, puede ser que no sepamos decir “NO”. Un “no” que a nosotros es incomodo, dado el rechazo que se crea, tu responsabilidad se ve afectada y esta te exige decir  “si”, hacerlo y además bien, agradar, agradar, agradar…

Como he dicho, estoy escribiendo con las tripas y las ideas se enredan y fluyen. Cada cual que lo interprete o asimile como quiera, o simplemente pase.

Volviendo al tema que nos ocupa; la situación al principio descrita, nos hace sentir MAL. Sentir mal, no entendida como conducta inapropiada, si no como objetivo no conseguido, esfuerzo realizado en vano y fracaso personal.

Pienso que aquí está la clave, la auto-inculpación, o hacernos culpables de lo que concebimos como no-éxito.

Ahora toca parar, parar en seco. Toca análisis, estudio de medios, objetivo marcado y resultado. Si tras este examen y habiendo revisado todo el proceso, llegamos a la conclusión de que todo esta bien hecho, relajémonos, el receptor no es el adecuado.

Estudia si lo que se va hacer por la otra persona, esta, lo va a percibir adecuadamente y si el resultado es negativo, no gastes más energía en ello. Utiliza esa energía y esfuerzo en otros objetivos, por ejemplo, en aprender a decir “no”, así evitarás frustraciones ante tu naturaleza de intentar siempre agradar o no contradecir a los demás. El primer eslabón para agradar, responder a una exigencia, cumplir una responsabilidad o no, somos nosotros mismos. (Parece de perogrullo, pero rara vez lo asimilamos).

El problema reside en que evitamos decir “no”, que nuestra exigencia para con nosotros y los demás es muy alta y nuestro grado de responsabilidad es enorme. El saber dosificarlo, administrarlo y desarrollarlo adecuadamente y  con quién, es lo que tenemos que aprender y quizás esto, sea lo más complicado.

Después de varias experiencias, tengo que dar la razón muy a mi pesar  a aquellos que defendían la existencia de personas que te absorben la energía, personas que siempre pondrán en duda tu labor y reflejarán en ti su propia infravaloración, apatía, inutilidad, baja autoestima, etc. Son lastres que nos impiden avanzar.

Y aquí está el “quick”, saber identificarlas y tratarlas como tales y no gastar mas energía de la necesaria en ellos, y relativizar sus opiniones y actitudes, pero siempre siendo fieles a nosotros mismos y a ellos. Difícil tarea, pero realizable.

Puede ser que no aporte nada con estas letras, pero a  mi me hace pensar y espero que muchos de vosotros también y eso, ya merece la pena.

Así que, parece ser que sí, que algunos estados de la persona son favorables para la reflexión, escritura, etcétera; y tus tripas y corazón te lo agradecen.

Solo queda agradecer a mi amigo Adolfo la posibilidad que me da de compartir mis inquietudes.

– GRACIAS-

 

Aaron Trenas

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