Hace unos días un niño de 10 años volvió a dejarme mudo ante una respuesta. Yo estaba asistiendo de espectador a la típica “discrepancia de opiniones” entre padres e hijos que todos tenemos en casa alguna vez.

 

Todo transcurría por el cauce habitual en donde la adrenalina no solo lleva las riendas de la conversación, sino que tiene la capacidad de transformar en pregunta aquel espacio que debería estar reservado al silencio y la reflexión.

 

¿Qué te hecho yo para que te pongas ASÍ, así, así…?

 

Retumbaba en la habitación el eco de la voz adulta y sin duda en los oídos del niño, que con ojos abiertos se preguntaba

 

¿Cómo era posible que esa persona que parecía tan nerviosa no supiera una respuesta tan evidente?

 

Sobre todo cuando debiera conocer lo que me hace sentir bien y mal.

 

¿Es que voy a tener que decírselo?

 

Haciendo un esfuerzo sobrehumano y con la firme convicción de que si respondía se daría por concluida esa aburrida conversación, el pequeño por fin se animó a abrir la boca tras unos largos minutos de silencio, pero justo en el mismo instante que iba a hacerlo le interrumpió el mismo tono inquisitorio del adulto:

 

¿QUÉ TE HE HECHO YO?

 

“Nada, pero a veces las palabras duelen”, se decidió a responder por fin, de esta forma tan escueta y lapidaria a la vez.

 

Y es que por lo general relacionamos el “hacer” con la acción, pero puedes hacer muchas cosas sin moverte de tu silla. Por ejemplo, cuando le transmites a tu hijo que no se le dan bien las mates o el fútbol no tenemos ni idea de las interpretaciones que pueden llegar a hacer por un simple comentario.

 

Interpretaciones que pueden llegar a condicionar su propio desarrollo personal y emocional tanto a nivel interpersonal como intrapersonal. Con nuestras palabras, estaremos actuando en el triángulo mágico del Pensar, Sentir, Hacer de nuestro hijo.

 

Está claro que no has “hecho” nada, pero participarás activamente en lo que tu hijo vaya a ser capaz de hacer en el futuro con las palabras que a diario le susurras al oído.

 

Y ahora que ya sabes que puede tener un efecto negativo.

 

¿Por qué no te animas o conseguir el positivo?

 

¡Suerte y ánimo!

 

Alex Calvache

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