“Los niños ven la magia porque la buscan”

-Christopher Moore-

 

Una de las cosas que más puede llegar a sorprender cuando alguien me conoce por primera vez, es ese espíritu de niño que hoy en día comparto. Demasiados adultos piensan que su actual etapa en la vida debe regirse sobre una realidad donde las responsabilidades, las dudas, frustraciones y altos grados de ansiedad son los pilares básicos en su vida diaria. Pienso que siendo adulto, también existe espacio natural para la visión de un niño.

 

Hace unos meses, mientras mantenía una entrañable conversación con una buena amiga mía, me hacía referencia a cómo,, en cierta medida, debía saber controlar ese “revoltoso” niño que llevo dentro de mí. Nos reímos, los dos juntos, por ver cómo ciertas reacciones mías derivaban por el hecho de hacer las cosas desde el saber amar, reír y vivir de la misma manera natural que lo hacen los niños. Y esto es posible, por el hecho de que ellos no ven las realidades con la misma carga de negatividad que tienen la mayoría de los adultos actuales.

 

Me gusta ver desde los ojos de un niño porque he comprobado, he recuperado para mi bienestar personal, la luz que cada uno de ellos portan consigo. Cómo son capaces de alumbrar su vida con cada paso que dan y no saben preocuparse más allá del hoy, sin sentirse avergonzados por caer o cometer algún tipo de error banal, sin preocuparse por compartir lo que sienten y aman.

 

Me siento muy niño porque me apasiona descubrir cada día las oportunidades que me ofrece la vida para aprender, descubrir y emocionarme con cada uno de esos detalles que nos suceden. Y con esto no quiero decir que viva, como algunos pueden llegar a pensar, en un mundo de “yupis”, más bien he decidido ver la realidad de mi vida desde una perspectiva  más positiva y entusiasta.

 

Y para hacerlo posible, para poder disfrutar de este niño que todos llevamos dentro, me he propuesto pasar lo que me resta de vida amando como yo he decidido amar y a las personas que me permiten y comparten su amor conmigo. Riendo todo lo que pueda y siempre que tengo la oportunidad para disfrutar de la felicidad y la tranquilidad que me proporciona.

 

Confiando en esos dones que he podido desarrollar, como es mi amor por la música, por una agradable conversación y por un respeto hacia los demás. Siendo y viviendo como un niño rebelde, porque para mí esa rebeldía significa no conformarse, siguiendo cada uno de esos sueños que me acompañan. Y uno de mis sueños es poder compartir este niño, este hombre, que hoy soy.

 

Cierro unos segundos los ojos, necesito sentir que estas palabras han sido escritas por mi “yo niño”. La respuesta la encuentro cuando siento cómo mi corazón sonríe. Me encuentro feliz.

 

Al abrir mis ojos de nuevo, mi móvil parpadea con un nuevo mensaje de un gran amigo mío que ha colgado en la red social Instagram. Una vez más soy consciente de cómo las causalidades me acompañan en mi presente. Leyéndola mi corazón palpita de manera acelerada y feliz:

 

“Yo creo que dos personas que se hacen reír tienen derecho a todo”

 

La ha escrito en su perfil mi amigo Rafael, tiene once años…

 

…Es mi hijo.

 

Adolfo López

Escritor&Coach

#SoyloqueAmo

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